El día que te abrace.

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El momento más esperado. (Febrero 12 2016)

Te conocí y se fueron sin mí, me dejaron atrás y la verdad no hubo tiempo de sentir tu presencia. Yo no me sentía una mamá, como iba a serlo si no te tenía en mis brazos. Nunca me dejaron acariciarte o darte un beso. Todos estaban muy preocupados por llevarte lo más rápido posible al NICU (Unidad neonatal de cuidados intensivos) para ver que estuvieras bien y empezar el camino de tu vida con ese lindo corazón.

Después de vivir dos largos y aburridos días sola en una cama esperando, poder cargarte y cantarte y decirte que todo iba a estar bien… fueron los días más largos de mi vida, tu papá estuvo contigo en cada momento, tus abuelas lo único que hacían era darte amor y platicarte de mi. Y yo sin saber de lo que me perdía. Cuando a uno le quitan al hijo así y no le dan la oportunidad de asimilarlo… no comprendí que era el amor puro hasta que te cargué y me vi en tus ojos.

Cuando me dieron de alta iba camino a verte, era nuestro gran rencuentro. Tu abuelo Moi estaba esperándome en la entrada del Hospital me acuerdo que tenía una cara de emoción que nunca le había visto. Me subieron a la silla de ruedas, no podía caminar mucho por la cesaria y la verdad me dolía más no poder verte que la herida en sí. Me llevaron por un pasillo un poco largo hacia el elevador, nos bajamos y estaban tus abuelas súper emocionadas, por fin  nos íbamos a ver. Sentía como si todo el hospital supiera que era la primera vez que te cargaría, como si todos estuvieran aplaudiendo y gritando “!vamos Mamá tu puedes, ya mero llegas!”. Y la meta eras tu.

Llegando a la recepción del NICU la enfermera  me explicó que tenía que ponerme una bata y lavarme muy bien las manos y brazos antes de entrar. De esa puerta a donde tú estabas eran 20 pasos pero esos pasos se sintieron como una eternidad. El tiempo se paró, mis ojos estaban fijados en tu cunita, sentía todas las miradas puestas en mi, en ti, en mi reacción. Sentía como mi corazón se aceleraba, estaba super nerviosa, porfin iba a cargar a mi hija. No lo podía creer.

Llegué a tu cunita ahi estabas toda chiquita llena de piquetes, con tu oxígeno en la nariz y una línea central saliendo de tu cabecita. Habían muchos cables a tu alrededor. Mi primera reacción fue verte y admirarte tratando de entender que eras mía. Te dije en voz baja: “Hola Lola, Soy yo Mamá ya llegué perdón que me tarde, pero ya estoy aquí y no voy a separarme de ti”. Viendo por todo lo que habías pasado en esos dos días mis ojos se llenaron de lagrimas y lloré en silencio, tanto de la emoción como de tristeza por no haber estado ahí para protegerte. Pero desde ese día en adelante, nunca mas te dejaré ir…

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