Feliz Aniversario Mi Loli.

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Lola en cuidados intensivos con su amiga la sirena. (Septiembre 9 2016)

Hoy es un día de celebración para Lola y sus papás. Un día que nos hace recordar las palabras del cantautor Facundo Cabral “el nacer es un dolor que la vida compensa”. 

Hoy se cumplen dos años desde que a Lola le arreglaron su corazón un Miércoles 17 de Agosto del 2016. Le debemos mucho a Dr. Frank Hanley, sin él no sabemos que más   hubiéramos tenido que vivir con Lola y su complejo corazón. Nunca olvidaré el sentimiento de ese día, los pasillos recorridos, las puertas atravesadas, las caras desconocidas, las enfermeras y los doctores, que después de un mes de batalla, se convirtieron como en nuestra familia.

Lo mas difícil fue entregar a nuestra hija hacia un futuro incierto, y luego, la espera interminable en el hospital. Cómo le dices a tu bebe de seis meses que todo va a estar bien? Qué es algo que se tiene que hacer? Qué mamá no va a poder estar ahi mientras la preparan, sin poder agarrarle su manita o cantarle una canción una última vez antes de que la duerman… no hay nada más difícil que entregar a un hijo sabiendo todo lo que pude pasar.

La esperanza y la fe es lo último que muere,  le doy mi beso de despedida, y el abrazo más fuerte, le doy la bendición y le ruego a Dios que hoy no se la lleve… Lola sin entender que pasa me da una sonrisa y se va tranquila con el enfermero. Viéndola irse yo con un nudo en la garganta le agarré la mano a Moi y juntos le decimos un último adiós, ahora solo nos quedaba esperar…

Ocho horas después, nos llama una enfermera, nos dice que el doctor quiere hablar con nosotros, sin saber que esperar, me temblaban las piernas, no podía leer su cara, como a muchos otros doctores, él estaba serio. Todo estaba bien? Pasó algo? Hubo complicaciones? Pudo hacer todo lo que quería? Mis pensamientos estaban a mil por hora. Nos sentamos en el sillón del cuarto de espera, el doctor tranquilamente nos ve a los ojos y nos dice: “Todo salió como previsto, su hija esta muy bien. Va a recuperarse y su corazón esta más fuerte que nunca.” El alivio después de escuchar esas palabras, fue como si el peso del mundo ya no estuviera sobre mi. Lola lo logró, mi felicidad era absoluta, abracé al doctor y le agradecí infinitamente. Gracias a Dios y a él puedo seguir abrazando a Lola todos los días. Este sentimiento es indescriptible.

Después de respirar con la noticia de Lola, solo quedaba reencontrarnos en cuidados intensivos, a las nueve de la noche nos dijeron que ya podíamos entrar, sentía mucha emoción y nervios, ya habíamos pasado por esto una vez, pero ese día fue distinto, su corazón ya estaba al cien pero sabíamos que la recuperación no iba hacer nada fácil. Mientras se abrían las puertas del CVICU (cardiovascular intense care unit) no sabía si llorar, correr o brincar de la emoción. Sabía que estaba dormida, pero yo no quería que sintiera mi presencia triste. Me armé de valor y entré al cuarto donde estaba Lola. La cama estaba en la esquina, ahí estaba ella toda inofensiva, llena de cables con medicinas, tubos y la herida en el pecho. Me quedé admirándola un buen rato tratando de entender que estaba aquí con nosotros, le agarre la mano… y en silencio con lagrimas en los ojos le agradecí a Dios.

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