Una palabra hace toda la diferencia.

sep 3
Mi niña. (Septiembre 3 2018)

Cuando te dan la noticia de que tu vida no es la vida que habias soñado para tu hija. Nada te prepara para ese momento para esas palabras. Todos tus sueños se van desmorando poco a poco… mientras tu doctor te dice: “Tu hija tiene un problema de corazón.”  Esas palabras siempre van a retumbar, siempre van agregar peso a todo. Lola nunca va a tener una vida normal, nosotros nunca vamos a tener una vida normal. Eso me asusta… sin embargo hay que saber enfrentar la vida con todo lo que tenemos y nunca dejar de luchar. 

Lo difícil de vivir esta situación fue tener que dejar todo atrás, la idea de regresar a Mexico, tener que confiar ciegamente en Dios, en los doctores y vivir en lo incierto día con día. Cómo le dices a la gente que quieres y te quieren, que tu bebe tiene una cardiopatía congénita, que es compatible con la vida pero que Dios se la puede llevar en cualquier momento. Que nada esta escrito, ni en tus manos. Tenía mucho miedo, tristeza, dolor, angustia, desesperación, todos los sentimientos a flor de pie, quería encontrar un culpable… pero eso no lleva a nada bueno, si eso le arreglara su corazón a Lola sería la primera en la fila. 

Cuando llego el momento de platicarle a mis papas, no me salían las palabras, no quería que se pusieran tristes, yo solo quería que me trataran normal y vieran mas allá de la noticia, al final del día, no había nada más que se pudiera hacer por mi o por Lola. Cuando terminé de decirles y explicarles la situación me vieron con ojos de amor y con una sonrisa me dijeron que todo iba a estar bien, que Dios es misericordioso y que Lola iba superarlo todo. En ese momento no sabíamos que en verdad todo iba a estar bien, ni que iba a pasar con Lola pero el hecho de decirlo en voz alta, hizo que me diera cuenta que lo único que debería de sentir es orgullo de que Dios nos dió una misión muy importante. Ahora siempre encuentro la oportunidad de hablar de Lola y su gran corazón. 

Quiero imaginar lo que ha de sentir la gente cuando les cuento la historia de Lola. Para mí es lo cotidiano, lo que he vivido, lo único que conozco, esta es mi realidad. Cuando les platico todo o parte de lo que hemos vivido, muchas veces me dicen que me “entienden” que ellos se pueden imaginar lo que hemos vivido, cuando en realidad no tienen la menor idea de lo que están hablando. Sus hijos son niños sanos sin ninguna complicación. Como mamás vivimos momentos de angustia, situaciones duras, visitas a emergencias, raspones, brazos rotos, una cortada, unas cuantas puntadas. Y todas esas situaciones son difíciles, estresantes y nadie quiere ver a su hijo sufrir; pero que te digan que te entienden cuando realmente no lo han vivido, no tiene palabras.

Como mamá de una niña con cardiopatía congénita, no necesito que me entiendan, ni ver las caras triste cada vez que les cuento algo y terminen la platica con un lo siento. No hay nada que sentir, hoy Lola está perfecta y no importa lo que pase, perfecta la hizo Dios, es una guerrera que lucha día a día para salir adelante para ser mejor y llegar a donde tiene que llegar. No lo sientan porfavor. Al contrario, alégrense con nosotros, Lola esta aquí, así que disfrutémosla. 

Cuando alguien pasa o está pasando por una situación difícil, los amigos y familiares no saben como reaccionar o demostrar apoyo. Es muy sencillo, con una oración, un mensaje, una llamada, algún detalle si estas lejos. Lo que nazca del corazón siempre va ser lo mejor. Cada quien tiene su manera de digerir las noticias y hay muchas veces que las mismas amigas se alejan por miedo a ofender, estorbar o no saber que decir. En mi caso prefiero que me digan la palabra incorrecta, a no decir nada. 

Mis días se llenaban de alegría y esperanza con tantos mensajes de gente que estaba rezando por Lola, que diario me preguntaban como había amanecido, como estábamos, siempre con una palabra de aliento, hasta las platicas cotidianas hacían que por un segundo olvidara que estaba en el hospital. Las llamadas de amigas con las que hace mucho que no hablaba y que me hacían recordar buenos tiempos, que me prestaban su oído para que les contara de mi día con Lola y de todo lo que estaba viviendo o sintiendo en ese momento. A mi amiga que nos mandó unos brownies para tener las energías para continuar con la recuperación de Lola. A los amigos que metían de contrabando guacamole, papas y vino, y nos obligaban a tener una hora para nosotros mientras ellos cuidaban a Lola. A mi vecina de cuarto que al ver que tuve un mal día, me regaló un dibujo de un corazón con la frase “si se puede” para que supiera que no estaba sola en esta batalla.

Gracias.

Muchas veces no te das cuenta pero tomarte un minuto de tu tiempo para escribirle a alguien que esta pasando por momentos difíciles hace toda la diferencia. 

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