Hay que dejarlos volar.

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Lola lista para su primer día de clases. (Junio 11 2018)

Me duele en el alma ver como Lola llora y patalea y grita mi nombre cuando la dejo en la escuela. Ya con casi dos años y medio me recomendó su terapeuta que era momento de que ella aprendiera a estar sola y en contacto con otros niños de su edad.

Las primeras semanas era la más feliz me decía adiós sin voltearme a ver y yo era la que quería llorar viéndola crecer. Ver como dejaba atrás a esa niña penosa y tímida que puede ser, ver cómo iba reconociendo a sus nuevos amigos y ellos a ella. Que iba hacer yo en este momento, ella es mi compañera en todo, doy un paso y ella da otro… Pero ha llegado la hora de dejarla volar. 

Mientras le soplo un beso a Lola a la distancia y le digo adiós, parece que el tiempo se detiene, trato de recordar su cara, su mirada, el sentimiento, sus gestos, para que todo se quede bien grabado en mi corazón.

Han pasado dos meses desde que empezó esta aventura y sé que le ha costado, ha llorado pero también ha reído, soñado, explorado, cantado y bailado como nadie. Cada vez que la recojo grita mi nombre con toda la emoción del mundo. Me hace sentir la persona más especial, siempre me dan ganas de llorar, viendo su cara de emoción su dedo en el aire apuntando hacia mí. Como si estuviera diciéndoles a los demás lo orgullosa que está que YO soy su mamá. 

Nada me hace más feliz que me cuenten todo lo que hizo en la mañana, con quien jugó, a que jugó, cuanto bailó y que snack probó. Siempre me dicen las cosas más lindas sobre Lola y lo orgullosas que están de ella. Me encanta como poco a poco se va ganando a las personas, aunque no habla mucho, sus manitas y ojos son súper expresivos y hacen todo el trabajo por ella, como dirían sus maestras Lola no ocupa palabras. 

Mi hermosa Lola esto es solo el comienzo de tu nueva etapa como niña escolar. Se que te ha costado y a mi también tener que dejarte volar, pero nadie esta más orgullosa de tí que yo. 

El día que te abrace.

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El momento más esperado. (Febrero 12 2016)

Te conocí y se fueron sin mí, me dejaron atrás y la verdad no hubo tiempo de sentir tu presencia. Yo no me sentía una mamá, como iba a serlo si no te tenía en mis brazos. Nunca me dejaron acariciarte o darte un beso. Todos estaban muy preocupados por llevarte lo más rápido posible al NICU (Unidad neonatal de cuidados intensivos) para ver que estuvieras bien y empezar el camino de tu vida con ese lindo corazón.

Después de vivir dos largos y aburridos días sola en una cama esperando, poder cargarte y cantarte y decirte que todo iba a estar bien… fueron los días más largos de mi vida, tu papá estuvo contigo en cada momento, tus abuelas lo único que hacían era darte amor y platicarte de mi. Y yo sin saber de lo que me perdía. Cuando a uno le quitan al hijo así y no le dan la oportunidad de asimilarlo… no comprendí que era el amor puro hasta que te cargué y me vi en tus ojos.

Cuando me dieron de alta iba camino a verte, era nuestro gran rencuentro. Tu abuelo Moi estaba esperándome en la entrada del Hospital me acuerdo que tenía una cara de emoción que nunca le había visto. Me subieron a la silla de ruedas, no podía caminar mucho por la cesaria y la verdad me dolía más no poder verte que la herida en sí. Me llevaron por un pasillo un poco largo hacia el elevador, nos bajamos y estaban tus abuelas súper emocionadas, por fin  nos íbamos a ver. Sentía como si todo el hospital supiera que era la primera vez que te cargaría, como si todos estuvieran aplaudiendo y gritando “!vamos Mamá tu puedes, ya mero llegas!”. Y la meta eras tu.

Llegando a la recepción del NICU la enfermera  me explicó que tenía que ponerme una bata y lavarme muy bien las manos y brazos antes de entrar. De esa puerta a donde tú estabas eran 20 pasos pero esos pasos se sintieron como una eternidad. El tiempo se paró, mis ojos estaban fijados en tu cunita, sentía todas las miradas puestas en mi, en ti, en mi reacción. Sentía como mi corazón se aceleraba, estaba super nerviosa, porfin iba a cargar a mi hija. No lo podía creer.

Llegué a tu cunita ahi estabas toda chiquita llena de piquetes, con tu oxígeno en la nariz y una línea central saliendo de tu cabecita. Habían muchos cables a tu alrededor. Mi primera reacción fue verte y admirarte tratando de entender que eras mía. Te dije en voz baja: “Hola Lola, Soy yo Mamá ya llegué perdón que me tarde, pero ya estoy aquí y no voy a separarme de ti”. Viendo por todo lo que habías pasado en esos dos días mis ojos se llenaron de lagrimas y lloré en silencio, tanto de la emoción como de tristeza por no haber estado ahí para protegerte. Pero desde ese día en adelante, nunca mas te dejaré ir…

¿Cuando será su momento?

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Lola en su bici rosa con papá.

Esto fue escrito en Noviembre del 2017. Lola tenía un año nueve meses.

Hoy me siento un poco triste, bueno es un sentimiento normal soy humana no puedo dejar de pensar en que va a pasar con mi Lola. Ella grita Mamá, Papá, se ríe a carcajadas, te lanza su pelota con una fuerza increíble, se para en su cuna con mucha emoción, yo no debería de pedir más. Aparte de que gatea como una bala y si la subes a su bici rosa, quítate que hay va la mujer.

Pero no estoy ciega sé que ella debería de poder caminar, hablar con oraciones completas y otras cosas más, que se yo. Veo a los otros niños correr, saltar, jugar y mi chiquita, pasiva, sentada, distraída con un camion que va pasando. Así es ella. Ella es feliz y le vale la vida y lo que piensen de ella, pero su madre sólo sonríe y da un suspiro. ¿Cuando será nuestro momento? Cuando será ella la que salte y brinque y corra detrás de los otros niños. Se que pido mucho a veces pero yo sólo quiero lo mejor para ella. ¿Y qué es lo mejor? Que la queramos tal y como es.

En fin soy humana, tengo ojos y sentimientos, veo a las mamas y sus caras cada vez que me preguntan: “Cuantos años tiene? Uno? Meses?” no se pasen! Cuando contesto siempre es la misma reacción. “Ah bueno, Y no camina? Y ya habla?” Que les importa! Si supieran todo lo que ha vivido y pasado esta pequeña llorarían, no juzgarían.

Todos somos humanos. Se vale, pero no se vale hacer sentir mal a la Mamá que lo único que hacemos es darlo todo al mil. Cada día es una lucha, una terapia, una meta conseguida, cada día es un milagro, un milagro el que su corazón siga fuerte, ella este fuerte, el que quiera seguir luchando y no darse por vencida.

No se les olvide que la lucha eterna es de ellos más que la nuestra. No se vale sentirnos mal por lo que no hacen sino sentirnos orgullosas por lo que si.

Un paso a la vez.

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Practicando ella solita. (Febrero 24 2018)

Lola ya anda caminando más y más cada día¡Soy la mamá más orgullosa del mundo! Después de ver como le ha costado, como no se lo voy a festejar cada vez que da sus pasitos, esta mujer siempre me está sorprendiendo. Ayer sola empezó a subir las escaleras como toda una rebelde, yo no podía de la risa y la emoción en su cara me lo dijo todo, estaba súper orgullosa de sí misma.

Sabe que si ella quiere, puede, me encanta esa cualidad de Lola. Tiene opiniones fuertes pero también fuertes son sus convicciones. Ella es tan cautelosa, nunca va hacer nada hasta que no sea una profesional y sienta toda la seguridad para hacerlo. También habla un poco más, ya se que están pensando, tiene dos años, pero ha avanzado como nadie. Ya nada la detiene y eso me pone a pensar en , en todo el esfuerzo, sudor, sangre y lagrimas que hemos derramado. Todas las veces que la veía sentada mientras todos sus amigos salían corriendo, pensaba, cuando va hacer su día, cuando va hacer nuestro turno, pero el que lo haya hecho hasta ahorita le ha dado una súper ventaja.

Ella es una niña tranquila, se sienta a leer, te escucha, te responde y es una niña muy inteligente, un año de gatear le ayudo en todos los sentidos y ahorita puedo decir valió la pena tantas terapias y tantas porras la preparon para este momento, el momento que ella decidió pararse y dar su primer paso, el momento en el que ella decidió subir las escaleras.  Decir papá y mamá todo al final del día vale la pena. No lo vemos al minuto ni a los meses y a veces hasta años pero de lo que si estoy segura es que mientras estemos con ellos chinga, jode, detrás, arriba y abajo siendo sus ejemplos y sus fans número UNO ella va a salir adelante.

Nunca te des por vencido. Al final del túnel si existe la luz. 

 

 

Quiero darte las Estrellas.

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Lola a unos días de nacida en el NICU

Un silencio profundo se escuchó el día en el que naciste. Un martes 9 de febrero, iba a tener el último baby shower por lo que estaba muy emocionada. Me levanté temprano me arreglé y primero fui a la cita con el doctor. Llegué y me senté para que me hicieran el examen que monitorean el corazón y las contracciones del bebe y como de costumbre me quedé contemplando la pared imaginando como ibas a ser, que color de pelo tendrías, a quien te parecerías a tu papá o a mí? No sabíamos que esperar.

Pero que feliz me sentía ese día. Hasta que llego el doctor. “Mariana cuantas semanas tienes?” Me preguntó. 36 semanas le dije. “ok, vete al hospital que ya tiene que nacer tu hija”. Mande? Cómo? Pero porqué que pasó?… no me salian las palabras. No entendía que estaba pasando todavía faltaban unas semanas más.

Tu cuarto no estaba terminado, yo no estaba lista… me pasaron tantas cosas por la cabeza yo solo quería irme corriendo, esconderme en un closet y ponerme a llorar. Pero así no es la vida, uno tiene que enfrentar con cara en alto lo que le toca.

Tenía mucho miedo, miedo de perderte sin conocerte. Ya sabíamos que venias con varios problemas en tu corazón. En mi panza tu corazón era fuerte. Pero ese martes tu corazón decidió hacer cosas que no debería. Sentía la tensión de los doctores. Querían que fuera natural pero se acababa el tiempo. Mariana vamos hacer una cesárea de emergencia. Ya vas a conocer a Lola… Mientras me llevaban al quirófano mi mente se nubló. Estaba nerviosa, feliz y triste porque sabía que no iba a ser nada fácil para ti ni para mí el proceso de traerte al mundo.

Cuando saliste al mundo se escucho un silenció no sabía porque no llorabas me empecé a preocupar. Hasta que una enfermera a distancia me enseñó una pequeñita, una niña chiquita con cara de enojada. Mi primera reacción fue, eres tu Loli? Soy yo Mamá.

Te quiero mucho.

Esa fue la primera vez que te conocí. Después de eso pasaron horas, no se a donde fuiste ni qué pasó hasta que me llevaron a recuperación. Te volví a ver, estabas en una incubadora, seguias enojadita, no te culpo Loli llegaste al mundo a sufrir por un ratito. Pero sabes algo? llegaste a este mundo a ser la niña más amada y más encomendada (no tienes idea como te quiere todo mundo).

A dónde vas te robas el corazón de la gente.